Cómo superar el síndrome de Superwoman

Cómo superar el «síndrome de Superwoman»

Querer llegar a todo. Sentirte imprescindible. Sentirte culpable si alguien hace algo por ti. Sentir rabia si alguien hace algo en tu lugar… y le sale bien. Si sueles sentirte así es que tienes el síndrome de Superwoman.

Pero no te preocupes, hermosa, que todo tiene arreglo.

 

Este año 2018 está siendo, por fin, el año de las mujeres. Ya era hora, leñe.

Pero, aunque estamos cambiando muchas cosas, nos queda mucho trabajo por hacer para acabar con una mentalidad asociada a un esquema social que ya no existe: el de la mujer entregada «a sus labores».

Porque ahora las amas de casa se montan negocios online. Porque ahora las madres estudian carreras. Se acabó lo de la mujer florero, lo de vivir a la sombra de tu marido y estar tan contenta.

Claro, cuando esto era así, casi todas las mujeres llegaban a todo: tenían la casa limpia, cocinaban, remendaban los calcetines, hacían punto… Y de los hijos cuidaban un poco entre todas las comadres (o eso me cuentan mis mayores). Pero, ¿y ahora? Ahora ser mujer es eso MÁS… No voy a hacer la lista, que ya lo sabemos todas.

Por eso, esa actitud de querer llegar a todo y querer ser la más empollona y la más imprescindible (que antes funcionaba genial) ahora nos trae por la calle de la amargura.

¿Cómo luchar contra el síndrome de Superwoman?

¿Qué te hace feliz?

En primer lugar, te recomiendo que te plantees: «¿qué me hace feliz?»

Deja a un lado los anuncios, los programas americanos, las películas y lo que te dice tu madre, tu amiga o la tendera del barrio. ¿Qué te hace feliz A TI??

Puede ser tener hijos, pero también puede ser no tenerlos. Puede ser tener una casa preciosa, pero también puede ser vivir una vida nómada.

No hay reglas. Tú decides.

Disfruta del camino

En segundo lugar, una vez sabes hacia dónde te quieres dirigir, disfruta del camino.

La felicidad, querida equilibrista, no es un destino (lo habrás oído mil veces), sino el camino.

Cada paso que das hacia ese estado ideal en el que te imaginas te hace más feliz. Y lo mejor es que no hay límite, porque mientras que sigas caminando hacia el horizonte correcto, seguirás creciendo.

Pide (y acepta) ayuda

Cuando tienes el síndrome de Superwoman aplicas una máxima en tu vida:

«Si quiero que algo se haga bien, tengo que hacerlo yo misma».

Y sí, está claro que cuando tú hagas algo, lo harás a tu gusto. Pero, ¿merece la pena?

¿Merece la pena pelearte con tu pareja porque los filetes no estaban en su punto? ¿No es mejor disfrutar del tiempo que te ha liberado al prepararlos y sentirte agradecida por su esfuerzo?

Por supuesto, podemos ayudar a nuestros hijos, compañeros, padres o vecinos a saber cuáles son nuestros gustos, o incluso a mejorar su técnica en el ámbito que sea, pero con miel se cazan más moscas que con vinagre.

Y luego están los oficios. A veces nos obsesionamos con hacerlo todo por nosotras mismas, porque así ahorramos, nos decimos. Pero ¿cuánto tiempo nos lleva aprender? ¿Cuánto esfuerzo y material necesitamos para llegar a donde ya está el profesional? Lo veo con las mudanzas, los pintores, las limpiezas a fondo, la jardinería…

Si algo nos gusta, nos entretiene, nos divierte o nos sirve de excusa para pasar un buen rato entre amigos, es genial hacerlo por nosotros mismos. Pero muchas veces, por ahorrar (y también por sentirnos más imprescindibles) nos cargamos de faena de forma innecesaria. E incluso acabamos gastando más dinero de lo que nos habría costado contratar a un profesional.

Como siempre, la virtud está en el equilibrio, porque también es retador e interesante probar nuevas habilidades.

Cultiva esta mentalidad

En cualquier caso, la humildad es el primer paso. No, no somos perfectas. No, no podemos con todo. Y no pasa nada.

Si somos humildes y confiamos en quien nos puede ayudar, conseguiremos llegar mucho más lejos.

Cultivemos el respeto y la comunicación para llegar a ese equilibrio virtuoso en el que ni nos pasamos todo el día pidiendo ayuda ni vamos siempre con la lengua fuera.

Respira, siente. Y serás capaz de verlo claro como el agua.

Dicho esto, este proceso requiere de muchísima paciencia. Con los demás, pero sobre todo con nosotras mismas. Porque cuesta. Cuesta mucho cambiar de mentalidad. Pero, poco a poco, se consigue.

Podría estar horas y horas escribiendo sobre este tema, pero ya tendremos tiempo para ir desarrollándolo.

 

Por el momento, mañana tendrás disponible el vídeo de Youtube en el que hablo sobre este mismo tema. Si te ha gustado la entrada, suscríbete al canal ya mismo y activa la campanita. Así Youtube te avisará mañana cuando lo suba.

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Cuéntame tus experiencias como mujer, como madre, como hermana, como hija. ¿Crees que a veces nos pasamos de querer llegar a todo? ¿O crees que es lo correcto y que yo soy una blanda? ¡No te cortes y dime lo que piensas!

Nos vemos dentro, equilibrista 🙂

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